Archivo de la categoría: El hombre que se robó los sueños

Capítulo 11

La creación del hombre y la muerte de sus dioses

Ofdae, señor en todos los tiempos, creó a Muoka depositando un germen en una caja de urú y se fue por los cielos con un saco de luciérnagas que regaría en el infinito. Muoka, amo del primer tiempo,  salió de la caja y empezó a soñar las cosas, las volvía tangibles y visibles mientras dormía. Luego, al despertar, le insuflaba aire para que tuviesen vida propia; dejó invisible el viento en todas sus presentaciones, así los otros dioses se podrían desplazar sin ser vistos por las creaciones. Ya en el segundo tiempo ocultó el fuego en la barriga de un sapo, imaginó las noches y los días, también de sus ojos sacó a Checherú y quedó ciego en el proceso. Sigue leyendo

Anuncios

Capítulo 4

Algo que como nunca había sucedido sucedió; En algún lugar remoto alguien soñó continuamente con un personaje de un libro hasta hacerlo real por unas horas. Él, después de una conversación con su soñador, constató que su mundo no existía como tal sino que era parte de un universo inventado por algún escritor de mediano talento; toda su vida era una fábula y estaba desde un comienzo condenado. Él ya se había percatado de que algo andaba mal, existían lapsus mentales, coincidencias e incongruencias que le hacían dudar. Entonces, cuando le tocó regresar al mundo imaginario, empezó a reescribir la novela para sitiarse en un lugar donde pudiese llegar a ser feliz

Sigue leyendo

Capitulo 8

Ella era una mujer extraña; sentía una singular afinidad por los marginados, los no amados, los animales feos y las cosas rotas. Sin embargo, yacían en ella cualidades excepcionales; hablaba varios idiomas, tocaba el violín y estaba dotada con una memoria casi eidética. Detestaba el sushi, amaba el brócoli y le apasionaba la fotografía. Tenía una bicicleta rosada con una carabela pintada a un costado, esa imagen también estaba tatuada sobre su muslo derecho. Era buena dibujante, su color favorito era el marrón y no lo usaba en sus obras. No resultaba extraño verla plasmar vasos rotos, edificios abandonados, vagabundos, borrachos, prostitutas y cuanta cosa pareciese hermosa desde su peculiar punto de vista. También estaba esa fijación por los duraznos que nadie podía entender, pero a él le agradaba y nunca preguntó el porqué. Sigue leyendo

CAPÍTULO 3

Algunos años antes de que él la encontrara en Pampatar el comandante Yamamoto, no el original sino el que yacía en su mente, estaba de rodillas en una habitación que hacía las veces de cuartel general de la resistencia. Él lo miraba con sorna, sostenía su revólver e insistía en obtener la ubicación del  tesoro. Tenía dos escoltas en la puerta principal y afuera del edificio se realizaba una encarnizada batalla por recuperar lo que, horas antes, se suponía impenetrable. Sigue leyendo