Archivo de la categoría: Cuentos

El bien y el mal

Sólo el miedo al castigo, o la búsqueda de una recompensa, nos obliga a hacer lo que comúnmente se entiende como correcto. Por eso se crearon las leyes. Estas no premian,  pero sí castigan. Y la condena consiste en quitarnos lo más preciado; nuestra libertad. Ahora bien, el concepto de libertad esta íntimamente ligado al tiempo. Entonces un grupo de hombres son los encargados de determinar cuánta libertad se le debe quitar a un hombre que viola una ley; esto se traduce en uno, diez, quince o veinte años, todo depende de la magnitud del daño infringido. Algunos, en su inocencia, pensaron que abolir la pena de muerte era un gesto de humanidad. Pues no lo es, precisamente la muerte es una vía de escape. Sigue leyendo

No todos los negros son de África

—En el mundial de fútbol le apuestan a su país. — Escupió. — Y si son eliminados, le van a Alemania, ni siquiera a Brasil por lo más cerca. No, ellos no. — Bebió un trago de ron. — Igualito pasa con los chinos y los turcos. — Detestaba a los extranjeros, en especial a los italianos (gentes con ascendencia italiana), su antiguo jefe era uno. No los odiaba por ser italianos, sino por vivir y negar esta tierra tal como un niño pobre a su madre ante sus amigos del colegio. Sigue leyendo

Definitivamente, estoy viejo

Ayer caminé desde la plaza Piar hasta la Gallegos, son dos kilómetros. Se dice fácil, pero para una persona que no está acostumbrada cualquier caminata resulta ser una tortura. El cuerpo a cada rato me recuerda que no estoy para maratones, y es algo que me da risa porque de joven siempre critiqué el andar de los viejos.  Al llegar a la plaza Gallegos encontré a Karina. Ella habló acerca de su novia y todo aquel lío de su relación y de cómo su familia se enteró de su orientación sexual, concluí que fue por casualidad. No dijo gran cosa al respecto, sin embargo, por lo que pude entender, su familia aceptaba sus preferencias sólo con una condición; discreción en cuanto a sus actividades dentro y fuera de su hogar. Ya no le podía pedir a sus amigas pasar la noche en su casa; una vez lo hizo y creyó ver a su padrastro tratando de filmarlas.   Sigue leyendo

El ocaso de un perdedor

 

Me levanté de madrugada. Hice lo que tenía que hacer y salí. Si hubiese tenido mujer, ella me habría preparado un café y quizás me vería partir bajo el dintel de la puerta. Desayuné un vaso de agua con un cigarro. El barrio “Tronconal” es peligroso, pero uno se acostumbra al peligro y lo vuelve normal. Atravesé la vereda y esperé el bus frente al ambulatorio. Sigue leyendo

El destinatario

Puedo escribir cosas lindas y llegar a un máximo de expresión, en este caso, literaria, pero en persona soy tosco, un desgraciado. No soy cariñoso, mucho menos un chico de ensueño y sensible como los que describo en mis cuentos. Muy poco pienso en los sentimientos ajenos, eso me vuelve egoísta. Otra cosa que deberías saber es que mi soledad es mi templo, allí me refugio. Sin embargo, me encanta estar contigo. Eres la persona más amable que he conocido; frágil como ninguna y, en algunas ocasiones, te comportas como una niña y se te quiebra la voz y me devuelves a mi infancia. Sigue leyendo