Archivo de la categoría: Cuentos

Todos los días son lunes

La crisis se agudizó, los periódicos no tenían papel; eliminaron los suplementos culturales. Sigue leyendo

Anuncios

La mancha negra

El siguiente Domingo fuimos a una playa llamada “juventud”. Alquilamos una sombrilla y nos sentamos sobre la arena. Me gustaba esa playa, era pequeña y tranquila. Durante la temporada vacacional estar allí resultaba insoportable por la cantidad de gente que se amontonaba, pero ese día no había mucha y estaba limpia. Por aquel tiempo un amigo tenía un negocio de batidos, siempre que le pedía una piña colada me daba la ñapa. Y estaba alegre, bebía piña colada gratis y Ana Gabriela leía una de las obras de Cohelo. Sigue leyendo

Una cuestión bien rara

Tenía un trabajo. Cuando recibía la quincena iba directo al muelle, compraba una tizana en uno de los abastos frente a la plaza, luego caminaba por la playa de Pampatar, entonces veía el muelle, el cielo, el sol y a las mujeres con sus culos y senos operados. Me encantaban las que tenían pecas en las tetas, las tatuadas o las de cabello hasta el final de la espalda. Nunca crucé palabras con alguna de esas diosas, pero me alegraba que estuviesen allí y ver lo que lucifer prometió y cumplió. No es que la isla fuese un lugar de locura y depravación, o por lo menos no para mí, pero me gustaba caminar y ver el mar; sentir la brisa, respirar la sal y escuchar las olas estrellarse contra el malecón. Amo el océano, mi sueño es comprar un bote e ir todos los domingos a pescar, hasta compré una caña profesional que usé por primera vez cuando conocí a Daniela María. Sigue leyendo

Lejos del bien y el mal

Sólo el miedo al castigo o la búsqueda de una recompensa obliga al individuo a hacer lo que comúnmente se entiende como correcto. Las leyes rigen nuestra sociedad, su incumplimiento implica un castigo y la condena consiste en quitar lo más preciado que posee el ser humano; la libertad. Ahora bien, el concepto de libertad está íntimamente ligado al tiempo. Entonces un grupo de hombres son los encargados de determinar cuánto tiempo de libertad se le debe quitar a uno de sus semejantes que infringió la ley; esto se traduce en uno, diez, quince o veinte años, todo depende de la magnitud del daño. La pena máxima consiste en el asesinato del delincuente y pocos países la aprueban, quizás porque, en su inocencia, pensaron que con abolir la pena capital devolvían algo de humanidad a la sociedad. Pues no es así, precisamente la muerte es lo único humano que nos queda.

Sigue leyendo