El destinatario

Puedo escribir cosas lindas y llegar a un máximo de expresión, en este caso, literaria, pero en persona soy tosco, un desgraciado. No soy cariñoso, mucho menos un chico de ensueño y sensible como los que describo en mis cuentos. Muy poco pienso en los sentimientos ajenos, eso me vuelve egoísta. Otra cosa que deberías saber es que mi soledad es mi templo, allí me refugio. Sin embargo, me encanta estar contigo. Eres la persona más amable que he conocido; frágil como ninguna y, en algunas ocasiones, te comportas como una niña y se te quiebra la voz y me devuelves a mi infancia.

 Ayer me encantó caminar contigo; la iglesia, los helados, la conversa, la gente, el pan, tus ojos y tú, y la tarde. También, lo cándido de tus gestos, y lo alegre que se vuelve el mundo cuando sonríes, y de cómo se te pone la voz chiquitica como de niña malcriada cuando te molestas. Me hace bien estar al lado de alguien así, contigo puedo pensar que las cosas mejoraran. Te confieso que he conocido personas con magníficas sonrisas, pero nunca nadie que le haya dado mejor uso. Me refiero a que no lo haces para burlarte de otros, sino de la vida misma y sus ironías. Adoro esa cualidad, sólo pido que no me exijas más de lo que pueda dar. Nunca podría ser como tú, ni tú como yo, pero sí ser como somos y querernos al mismo tiempo; es lo más justo. Una relación equilibrada donde cada quien respete el espacio del otro.

Durante estos meses he aprendido un par de cosas; lo sencillo siempre es hermoso y lo complejo, en la mayoría de los casos, absurdo. En ese aspecto resultas ser lo más simple que he conocido en mi vida. Y no lo tomes a mal, me encanta estar contigo. Disfruto cada instante a tu lado, a veces pienso que me tomas por despistado o indiferente, sin embargo, para mí no existen fechas. Tú estuviste allí cuando alguien dijo que el amor podía soportar muchas cosas, mas no la indiferencia. No es eso, debes entender que el día de los enamorados es otro más, sólo que las personas tienden a comportarse un poco más cursis de lo normal, pero si te das cuenta verás el mismo sol, luna, cielo…todo igual. Te diré que tampoco acostumbro festejar mi cumpleaños. Y si te digo que nacemos cada vez que despertamos, ¿me creerías?, ¿Serías capaz de celebrar tu cumpleaños todos los santos días? No es algo muy práctico por lo de la diabetes, los riñones, el hígado y todo eso. Además, eres intolerante al chocolate. Es un padecimiento delicado, aunque no es algo de morirse por lo que de vez en cuando deberías hacer un esfuerzo y probar el mejor chocolate del mundo; el venezolano. No es mentira, es el mejor.

Considero que eres de los pocos seres que entiende que una celebración no es sinónimo de fiesta, sino de alegría; y en eso eres una campeona. Nunca te he visto triste, aún en las circunstancias más adversas. Eres completamente diferente a mí. Tu color es el rosa, eso va contigo. Mi color no es negro ni gris, es uno peor; como el de las sombras, nunca es negro sino que degrada la superficie que toca y la vuelve obscura y muerta. Estoy seguro de que tú serías capaz de celebrar tu cumpleaños todos los santos días y que mi color sombra no opacaría tu rosa. Lamentablemente no todos los seres son como tú.

Te escribo esta carta, aunque no estoy seguro de que la entiendas. Tal vez no sepas de palabras, pero sí de sentimientos. No suelo ser romántico. Pero sí honesto, y la honestidad es lo más romántico que se le puede obsequiar a alguien que amas, o en el peor de los casos, con el que compartes vida. He decidido despedirme de las frases bonitas, bienvenidas las honestas. Y la verdad es que, por alguna razón que no puedo entender, siempre somos honestos con los seres equivocados. Y ahora estás aquí, no es que seas mala compañía, pero no eres quién debería estar. Te agradezco tu atención y prometo que de ahora en adelante te compraré carne de primera, nada de alimentos para perros de segunda; tú mereces lo mejor, por todo el cariño que me das cuando llego a casa y las noches de insomnio resguardando nuestro hogar. Porque es nuestro, por lo menos desde que ella se fue; la destinatario original.

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