La amistad

Hablar de amistad entre hombres y mujeres es como aquella historia que contó Martín en una de sus borracheras.

En una página de internet, una de esas dónde se consigue todo tipo de gente loca tatuada con  vainas artísticas y cosas así, él conoció a una chica. Era una tipa con serios problemas psicológicos, pero con tremendo culo. Y ya saben cómo son las redes sociales, un par de tetas tiene más seguidores que Stephen Hawkings. La chica le explicó, entre sus chácharas y poemas post-contemporaneos sin rima, cómo era su relación con una serpiente.

Cualquiera puede tener una mascota; la mayoría prefieren perros; otros a los gatos hijos de puta; y los demás se reparten a los canarios, peces de colores, loros o lo que sea. Pero son mascotas, nunca se le denomina “amigos” y menos íntimos. Pero la chica insistía en que tenía un amigo -una boa- y hacía de todo con ella. Colgaba en su página las fotografías de la boa y ella, siempre desnuda. Eso le traía seguidores. De vez en cuando escribía acerca de su relación con la serpiente y cuánto la amaba, pero generalmente eran fotos. Una vez le confesó a Martin que conocía la serpiente desde bebé, y era lo que más amaba en el mundo. Incluso llegó a decir que era su hijo predilecto.

Cierto día, ya cuando la serpiente estaba del tamaño de un closet, la notó como triste y no se comía los ratoncitos que ella le dejaba. Tampoco quería jugar, se quedaba como tiesa y con la mirada fija cada vez que la mujer la acariciaba. Otra vaina era que la mujer era soltera y vivía con un niño de 4 años. Pero, según ella, era una boa mansa, hasta pendeja porque no se comía los pollitos ni los ratones  ni los conejos que ella compraba; no tenía ese instinto asesino porque fue criada con amor desde su nacimiento por lo que, en un principio, creyó que estaba enferma

En fin, la serpiente andaba como más triste de lo usual. Entonces la envió con un veterinario. Pero no con uno normal, sino como uno de esos tipos expertos en comportamiento animal. El tipo le explicó la vaina: un animal es un animal, poseen instintos, y  por más que los domestiquen nunca dejan de ser lo que son. Sin embargo, ella insistía en que la boa estaba enferma y la envió con otro veterinario con un poco más de experiencia. El tipo le dijo:

— La serpiente no tiene nada de malo, goza de buena salud y es un ejemplar magnifico de su especie. La razón por la que su mascota estaba quieta y no se comía a los ratones ni las gallinas ni conejos que ella le dejaba era sencilla; Preparaba su organismo para comerse a su hijo.— Así de simple. El especialista, con la mayor tranquilidad, le explicó el comportamiento del animal y le mostró algunas investigaciones documentadas acerca del tema. Después le narró una historia de un chico de una etnia en el Amazonas que fue atacado por una serpiente, lo encontraron con todos los huesos fracturados.

De allí que la chica dejó a su amiga en un serpentario de su ciudad. Luego, después de reflexionar un poco, entró en razón. La serpiente nunca estuvo cerca de su hijo, ella era quién dormía con el animal.

Por eso cuando alguien me pregunta sobre la amistad entre hombres y mujeres digo:

— Una mujer puede ser tu amiga, y la llegas a querer como se hace con un amigo. Sin embargo, tarde o temprano vas a desear comértela; es tu naturaleza.

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