Capítulo 11

La creación del hombre y la muerte de sus dioses

Ofdae, señor en todos los tiempos, creó a Muoka depositando un germen en una caja de urú y se fue por los cielos con un saco de luciérnagas que regaría en el infinito. Muoka, amo del primer tiempo,  salió de la caja y empezó a soñar las cosas, las volvía tangibles y visibles mientras dormía. Luego, al despertar, le insuflaba aire para que tuviesen vida propia; dejó invisible el viento en todas sus presentaciones, así los otros dioses se podrían desplazar sin ser vistos por las creaciones. Ya en el segundo tiempo ocultó el fuego en la barriga de un sapo, imaginó las noches y los días, también de sus ojos sacó a Checherú y quedó ciego en el proceso.

Antes del principio del segundo tiempo la princesa kuavei estaba siendo cortejada por los gemelos Chotokonpiar y Coronoima. No sabía qué hacer, entonces se fue a caminar para  decidir con cuál se quedaba. En un descuido tropezó con una serpiente y cayó desde los cielos, para no seguir cayendo – porque en aquel tiempo no existía abajo – se convirtió en nono – tierra-. Los dioses desde el cajú la lloraron; sobrevino una gran inundación con la cual se crearon las damas y tunas – mares y ríos – que surcan la gran masa de nono recién creada.  Chotokonpiar , como podía volar y no sabía qué había pasado con kuavei, decidió buscarla entre el nono y los cielos; Coronoima hizo cuevas dentro del nono, una vez que entendió lo sucedido construyó un gran palacio con piedras preciosas y aguas sin el sabor salado de las lágrimas, luego bajó hasta el centro y se convirtió en fuego para darle calor desde adentro. A Chotokompiar se le ocurrió la idea de unir el cielo con la tierra para encontrar a kuavei. Entonces, para calmar su llanto y el de los otros dioses, kuavei emergió hasta los cielos como el gran árbol de todos los frutos, a partir de ese instante la llamaron Kalivirnae. Y con ella nació el nuevo tiempo y los dioses lo llamaron Watunna. No obstante, Chotokompiar era terco y siguió bajando el cielo. Tamoryayo, uno de los primeros héroes, se le ocurrió crear vida en el nono, pero no podría hacerlo si Zis -el sol – y Nuna – la luna – estaban muy cerca. Decidió crear bolas de cera de abeja, mapiche, arenas de hormigueros, saliba de loros, resina, uñas de oso, telas de araña, pluma y pico de colibrí y otros tesoros. Las colocó en las puntas de las flechas y las lanzó; con el primer flechazo durmió a Chotokompiar y los demás alejaron al cielo y lo pusieron alrededor del nono para que ningún otro dios se fuese a caer, sin querer Tamoryayo creó el arriba y el abajo. Pero el día seguía siendo lo mismo que la noche porque la luna estaba abrazada del sol; oscuridad y frío en un lado del nono,  luz y calor del otro. Fue entonces cuando un mapurite – uno de las primeras criaturas que habitaron el nono- empezó a lanzar piedras a Nuna para que se alejase e iluminara el lado oscuro. En un lanzamiento le dio tan duro que la arrojó al otro lado. Zis, como estaba enamorado de Nuna, bajó a buscarla por el oeste, sin embargo, ella se devolvió por el este; así el día tuvo el sol y la noche a la luna, ambos buscan encontrarse nuevamente. Eventualmente lo logran, pero por poco tiempo para evitar que el mapurite le lance piedras.

En la confusión, mientras lloraban a kuavei, el héroe kuwei se robó el fuego escondido en la barriga de un sapo para regalárselo a los hombres y juntó los pensamientos que brotaban de Kalivirnae para modificar al mundo tal como lo conocemos.

Los primeros en poblar la tierra fueron los hombres lagartos, ellos convivieron con algunos shamanes. Antes del Watunna, Ofodae – también conocido como Ojwoda- representaba el Todo, tanto Caós como Orden en el universo, sin embargo, por alguna razón durante su viaje a lo largo del universo decidió dividirse; de allí surgieron Waharí – Orden – y Kuemoi – Caós-. Ambos vivían en constantes disputas, por lo que la vida en la tierra era insostenible. Fue cuando Waharí, enterado de que los frutos del árbol Kalivirnae se perdían en los cielos, quiso regalárselos a los hombres lagarto – los únicos supervivientes, junto al mapurite, a Kuemoi -. Entonces llamó a los gemelos Waicuni, luego a Redio y a Kuemoi, los convenció y derribaron el gran árbol. A partir de allí el tesoro de todos los frutos pobló la tierra y el tronco talado se petrificó convirtiéndose en Tepuí, la gran montaña sagrada denominada Autana. Como tenían miedo de que el cielo se volviese a caer, crearon otros tepuis y montañas para sostenerlo.

La yuca surgió antes de la caida del gran árbol de todos los frutos; durante aquel tiempo todos los hombres pasaban hambre y los frutos del gran árbol se perdían en los cielos. De allí que una mujer se ofreció para buscar un pedazo de raíz del árbol de todos los frutos y sembrarlo en la tierra para que también los hombres pudiesen alimentarse de él. Antes de que los dioses talaran el árbol ella robó una astilla y la sembró en varios sitios, pero no creció. Tsikiriri la descubrió, pero no la castigó sino que,  para verla sufrir y a todos los hombres junto con ella, volvió la astilla venenosa e infertil. Ya cuando se habían rendido y estaban a punto de desechar la astilla, otra mujer llamada Maduñawe pidió la simiente del árbol y la sembró a media noche. Con algunos rezos y cantos surgió la planta sin frutos tal cuál había ordenado Tsikiriri, sin embargo, inventaron el sebucan para extraer el veneno de la raíz y lograron hacer el casabe. A partir de ese instante Tsikiriri odió a los hombres.

Mientras talaban el árbol, Palibaisi, el dios de la memoria de todos los tiempos y antes de ellos, ordenó a los grandes shamanes lanzar piedras a los ríos para atrapar al gran pez Payara. El pez se tragó al héroe Tsamani, creador de los hombres lagartos y padre de Kuwei. Se dice que Tsamani trajo la visión de su propia persona en su ojo derecho y de allí salió el héroe Kuwei, destinado por los shamanes a poblar un nuevo mundo.

Al crecer Kuwei ideó una forma para darle orden al universo. Se transformó en un pequeño insecto, logró pegarse a la hija que había tenido Kuemi con Tsikiriri: Puakali . Cuenta Palibaisi que Kuwei tuvo un hijo con forma de lapa, kuemi se lo comió. Cuando Kuwei se enteró, recogió los pedacitos de carne del cuerpo de su hijo y creó dos poyuelos de aguilas que crecieron inmensos y se elevaron al cielo. Después fabricó los bachacos y las hormigas grandes, cuando kuemi salió de su cueva para pisotearlos las águilas lo atraparon con sus garras, lo llevaron hasta los cielos y se lo comieron. Las sobras se esparcieron en lo alto y formaron una hilera de estrellas con forma de espiral. Lamentablemente, a las aves les gustó su carne y desde entonces las águilas se dedican a cazar, durante la siguiente noche se comieron a todos los hombres lagarto mientras descansaban.

Tsikiriri, enfurecida, le reclamó a Kuwei lo sucedido y éste la empujó al río, los caribes – pirañas – se la comieron. Puakali tomó un hueso de la cadera del cadáver de su madre y con él le cortó una pierna a Kayuyali – uno de sus hijos .- como venganza ante el oprobio. Kuwei recogió la pierna y la lanzó al río, de allí surgieron los peces de los mares y ríos. Kayuali sería el creador de la primera canoa, además, enseñaría a los hombres a tallar troncos para hacer curiaras y bongos. Asimismo,  inventó la navegación e hizo que el agua de las tunas fuese a los mares – damas -, pero el viento se moviese en sentido opuesto para que pudiesen remontar el río. Cuando les tocó a los dioses morir, él se negó y se transformó en jaguar (Yalí), se escondió en el monte y ataca al hombre blanco siempre que puede.

Aún persitía la riña entre Kuwei y su esposa, Puakali. Entonces kuwei, a la mañana siguiente, se elevó a los cielos y buscó a sus dos poyuelos, los tomó y los lanzó en dirección al nono con tanta fuerza que en su caída aplastaron los montes; así se crearon las sabanas y desiertos. Puakali quedó satisfecha y se reconciliaron, pero cuando kuwei bajó de los cielos y preguntó por los hombres lagartos, Puakali le dijo que todos se los habían comido las águilas, esto lo enfureció y comenzó a golpear el suelo. Se formó un gran maremoto y el nono se inundó con sus llantos.

Después de la segunda inundación kuwei hizo una muñeca de barro, otra con cera de abeja y talló una sin vagina. Como ya tenía dos, dejó a la de madera tirada y la atacaron varios animales hasta que uno la penetró y copuló con ella; a partir de allí cobró vida. Cada una de las mujeres tenía un oficio diferente; la de palo era buena navegante, pero no podía acercarse a la candela; la de barro hacía buenas tortas de casabe en el budare y podía acercarse a la candela, pero debía estar alejada del agua; la de cera no lidiaba con lo caliente, no llevaba sol ni tostaba el casabe pero sacaba el agua y la traía con gusto para las necesidades de los dioses. Luego su hijo Matsuludani empezó a pisotear la tierra y salieron los hombres. Los organizó en tribus, les dio arco y flechas. A la primera tribu la envió con las mujeres de barro, asimismo, Palemekune y su mujer le entregaron un paquete al lider de la tribu como ofrenda; contenía la lluvia y una vez que el lider abrió el paquete todos los hombres y mujeres de barro se deshicieron. La segunda tribu fue enviada con las mujeres de madera, Palemekune y su mujer le entregaron un paquete que contenía el viento. Con mucho cuidado lo abrieron, al primer momento no sucedió nada, sin embargo, el viento arrastró consigo un fuego de un budare cercano y se quemaron. La tercera tribu fue enviada con las mujeres de cera de abeja, no quisieron abrir el paquete que le obsequió Palemekune; lo escondieron en un lugar sagrado, pero un niño lo abrió y surgieron el zancudo y las enfermedades.

Debido a que la lluvia estaba suelta sin nadie que la controlara, se creó una tercera gran inundación. Amalivaca salió con Vochi en su curiara, ellos reparaban todos los daños con gran esmero. Casi al final del día encontraron a una pareja, ambos estaban abrazados de una palma de moriche. Cuando le preguntaron cómo habían sobrevivido le dijeron que fue con las semillas de la palma ya que la mujer de cera de abeja no podía acercarse al fuego ni tomar sol; eso era lo único que los alimentaba. Entonces los dioses se los llevaron al cielo; allá servirían y sus mujeres no estarían en la candela ni tomarían sol, sin embargo, antes de hacerlo pidieron que tomaran las semillas y las lanzaran a sus espaldas por encima de sus cabeza; de allí surgieron los últimos hombres.

Estos hombres estaban muy atentos, sabían que los dioses los veían y oían. Con el tiempo se ganaron la confianza porque pedían permiso antes de tomar algo y, en un principio, eran respetuosos. Kasipoluin uno de los últimos dioses en aparecer les regaló el arco iris como promesa de que no permitirían más diluvios y el jespira, un lugar mágico donde están los que han dejado esta vida.

Así, en paz, transcurrió el tiempo hasta que el hombre blanco se topó con los indios y les dijo que sólo había un Dios. El indio, sorprendido, cuando vio que el Dios del hombre blanco le otorgó mejores regalos (escudos de hierro, espejos, pólvora y grandes barcos) a sus criaturas dejó a sus dioses y abrazó a la cruz.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s