Capítulo 4

Algo que como nunca había sucedido sucedió; En algún lugar remoto alguien soñó continuamente con un personaje de un libro hasta hacerlo real por unas horas. Él, después de una conversación con su soñador, constató que su mundo no existía como tal sino que era parte de un universo inventado por algún escritor de mediano talento; toda su vida era una fábula y estaba desde un comienzo condenado. Él ya se había percatado de que algo andaba mal, existían lapsus mentales, coincidencias e incongruencias que le hacían dudar. Entonces, cuando le tocó regresar al mundo imaginario, empezó a reescribir la novela para sitiarse en un lugar donde pudiese llegar a ser feliz

Durante el tiempo que anduvo con su soñador tuvo la oportunidad de leer los dos últimos capítulos de su historia, memorizó cada detalle en ese intervalo y encontró la forma de asesinar al héroe. A partir de ese instante surgió la confusión; existía una gran cantidad de personas que habían leído el libro y tenían cierta idea de lo que aconteció, pero cuando releyeron, o indagaron un poco, se toparon con que el gran villano había logrado lo que nadie había escrito

El escritor se encontraba desconcertado, no se podía explicar lo sucedido. En cierta oportunidad intentó reescribir el final de la manera en la que él lo recordaba, cuando releía los últimos párrafos notaba que habían sido modificados. Este hecho lo llevó al manicomio. Después de algunos años no se volvió a saber nada más de él y llegó el momento en el que nadie creyó que el libro estaba escrito de otra forma, inclusive aquellos que recordaban el primer final tenían dudas. La memoria es subjetiva, entonces ninguno de los que habían leído la obra sostenía lo que recordaba aun cuando una gran cantidad de personas pudo reunirse e indagar un poco sobre el asunto.

La felicidad no es eterna. Al morir el soñador la historia volvió a su estado original. Entonces el antagonista se encontraba en una situación en la que conocía lo que sucedería y, sin embargo, no podía evitar su destino. Resultó peor, era una marioneta consciente y eso lo atormentó internamente aun más de lo que estaba escrito o de lo que pudiese imaginar el lector.

Volvió la confusión. Si la primera vez que sucedió algunos se mostraron escépticos y consideraron que era una cuestión de marketing, para la segunda oportunidad ellos formaban parte del cúmulo de individuos que, en el peor de los casos, estaban conscientes de la ausencia de un giro argumental al final de la trama. No existía explicación convincente. Otros consideraban que era alguna paranoia colectiva, pero para los miles que habían leído el libro resultó algo real. De allí que muchas personas dejaron a un lado las respuestas psicológicas y se dedicaron a indagar en la brujería, mentalismo y satanismo la respuesta de lo sucedido.

Entre esos grupos que buscaron respuestas alternativas surgió el nombre de un individuo. En varias notas de prensa se hablaba de un Señor: Jesús Gutiérrez. Aunque esto no motivó su aparición en la prensa, él afirmó que había logrado ingresar a mundo ficticio y conversó con el antagonista.  Lo encontró en una tasca – la única que se describe en el libro.-. Él bebía como un desgraciado mientras los demás, estáticos como maniquíes imitando una gran juerga, esperaban que el lector leyera la escena dónde el protagonista entregaba un poema a la camarera. Él, como dueño del bar y ferviente admirador de la doncella, debía sacar al tipo a patadas.Gutiérrez comentó que el antagonista disfrutaba la escena, no obstante, después de repetirla y conocer la trama, con su respectivo final, prefería meterle una bala al pendejo y solucionar de una vez todos sus problemas.

El lector no había llegado, estaba estancado en la escena de la playa con el interminable parloteo del escritor acerca de la vida y sus calamidades. Entonces él se acercó y vio en sus ojos una alegría, al principio la consideró exagerada e injustificada, luego comprendió el motivo y le correspondió. Entendió lo maravilloso y afortunado que era poder ingresar a ese mundo, también en las posibilidades; se preguntó si podría hacerse lo mismo en otras obras de mayor calibre. Lo cierto es que en un mundo donde todo el mundo hace lo que debe hacer, aquellos tipos que vagan por dónde les da la regalada gana se convierten en seres solitarios, como una hebra rojo en un toro blanco, y cuando eso sucede se le toma como algo casual. No es así, para quien sabe apreciarlo, es algo que ocurre cada mil años y debe celebrarse. Entonces ese personaje visco, jorobado, atolondrado, mezquino, ordinario y malvado como los mil demonios se mostró como un niño cuando observó al señor Gutiérrez pasearse por su bar. Conversaron, charlaron, bebieron, rieron, les tocaron las tetas a todas las camareras, pintaron las caras de todos los personajes y siguieron bebiendo. Ya cuando no había nada qué hacer ni qué explicar el antagonista le pidió a su visitante que lo sacará de allí. Después de varios meses vagando por todo el universo, Gutiérrez accedió; se llevaría al personaje. Tenían que ascender al edificio más alto del lugar y lanzarse. Pero cuando lo hicieron, en plena caída libre, el personaje desvaneció; la escena del bar había comenzado. Gutiérrez, por más que lo intento, no pudo regresar y su entrañable amigo quedó encarcelado.

Su amigo, ese tipo tan malvado que describía la novela, en sus ratos libres vagaba a lo largo de todo ese universo irreal. Ya había hecho de todo, no obstante, cada vez que el lector leía una escena donde el personaje participaba perdía su libertad y se convertía en una marioneta. Incapaz de evitarlo, veía una y otra vez cómo se repetía la historia y moría en cada libro leído. El personaje soñaba con el día en que pudiese acabar con esa farsa, o que algún nuevo soñador lo sacara de ese mundo y volverlo real por algunas horas. También en su viejo amigo Gutiérrez y en cómo volvería.

La razón por la que surgió el nombre de Gutiérrez fue que dedicó lo que le quedaba de vida, fortuna y salud en adquirir todos los ejemplares de esa novela escrita por un fulano de tal que desapareció después de andar varios años en un manicomio. Cada ejemplar adquirido era incinerado, sólo eso. Compró los derechos de autor sólo para liquidar la obra y darle paz a un amigo que viviría como pocos, moriría como todos y no renacería.

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