El duro

Mi abuelo era un indio duro, de verdad que lo era. Aun con cáncer terminal en los pulmones y vaya usted a saber a dónde más se le había regado, se las ingenió para morir construyendo una cerca para su conuco – y es una historia real – . Y lo hizo en pleno aguacero , no creía en nada. Él era de esos tipos que imagino pensaba que si la vida te golpea debías fracturarle el puño con tu rostro. Nunca rendirse, pero su ejemplo no es el mejor de todos porque igualito estiró la pata. Me encantaría decir que superó el cáncer y murió después de hacerse dueño de un inmenso hacendado, sin embargo no fue así; falleció en la pobreza, dejó hijos regados y un montón de cosas inconclusas. Se cuenta que varios de sus hijos -mientras estaba moribundo – cavaron en los alrededor de su choza en la busqueda – infructuosa – de una cajita llena de morocotas. 

Y hasta los tipos duros dejan de respirar, pero en el viaje nada te impide dar una buena batalla.

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