Los chicos grandes no lloran

No todos los que te recuerdan te aman, pero los que sí lo harán con una sonrisa

Todo padre durante la infancia de sus hijos es un héroe; villano en la adolescencia; contumaz en la madurez; y humano – con grandes defectos y virtudes -, al morir. Ayer lo hizo un tío, antes había caído en desgracia. Corrijo: No cayó, se lanzó desde un precipicio; después de viejo, y con veinte años de matrimonio, dejó a su mujer e hijos y se casó con una dama mucho menor que él. Ella lo embaucó junto con uno de sus socios. Nuevamente se divorció. Quedó casi que en la ruina, pero debo reconocer que era un tipo duro y jamás bajó sus brazos. Volvió a casarse y, después de 25 años, fue padre otra vez – se presume -. Cuando trató de comenzar un nuevo negocio sufrió un accidente cerebro-vascular, por varios meses la mitad de su cuerpo quedó inmóvil. Durante esa época vivió en casa de su hija mayor porque su mujer lo abandonó. De vez en cuando lo visitaba y compartíamos impresiones acerca de algunos libros  y otras cosas más – Era un hombre muy culto -. Al recuperarse le diagnosticaron diabetes, no sé cuál, pero era la más coño´e madre de todas. Me mudé a otro estado y no supe nada de él hasta unos meses antes de su muerte. La última vez que lo visité me regaló unos libros y, debido a algo que no podríamos explicar, intuimos que sería la última.

Hace 4 meses me enteré de que le amputaron la pierna derecha. No lo visité porque deseaba recordarlo como cuando me entregó sus libros. Sabía que no aguantaría mucho. Ayer en la madrugada murió. Su muerte fue triste, aunque toda muerte lo es, pero a él lo encontraron en el suelo con el pantalón impregnado de mierda, el culo descubierto y atestado de sangre mezclada con un fluido purulento, y la mandíbula desencajada. Debió sufrir, porque según me cuenta mi madre, había lágrimas en sus ojos y sostenía un celular. Uno nunca se imagina a un hombre llorar. Y sí, lo hacen. Pero uno no lo cree posible porque desde pequeño te dicen ”  los chicos grandes no lloran” y esa es una de las, no pocas, mentiras que te injertan en el cerebro.

Cuando me informaron de su muerte hice una recapitulación sobre lo que sabía de su vida y me pareció que tenía una similitud con lo descrito en un relato llamado “DERROTA”. Luchó, luchó y murió sin pena ni gloria. Mentiría al decir que sus hijos lo lloraron, lo cierto era que se convirtió en una carga y su muerte significó un alivio para todos los que le rodeaban -incluso para mi madre -. Tampoco dejó un legado, así como llegó se marchó. Él sufrió una derrota, y no injusta, fue así como la de muchos hombres quienes jamás tendrán otra oportunidad para enmendar sus errores ni descanso eterno.

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2 pensamientos en “Los chicos grandes no lloran

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