El muerto

– ¿Hizo el encargo?-

-Sí señor. Todo perfecto.-

-Entonces no tengo de qué preocuparme.-

-Pues de nada, eso quedó resuelto.-

-Perfecto.-

– …Quedó muertito, como quien dice bien muerto. Estaba tieso, pura carne y huesos.- Agregó.

-Muy bien…-

-Mayor sangrero, pensé que era un duro pero se rajó y no le perdoné. Y Quedó bien frío, y enterrado. Usted hubiera visto como le temblaba la pata, porque a los muertos siempre le tiembla una que otra pata cuando se mueren. Entonces se la arranqué para que no temblara porque me ponía nervioso, además no importaba como ya estaba bien muerto. Pero por lo demás lo hice como usted me mandó. En eso soy muy profesional; cuando me dicen bórrelo, lo borro y cómo usted diga. Y ese tipo quedó bien borrado, más muerto que Adán.-

– Entiendo. Tengo otro encargo…-

– Llegué un poco tarde al encuentro porque no me fui hasta que se le aflojó el cuerpo y vaciaron los ojos. – interrumpió nuevamente-

– ¿pero por qué tanto tiempo?-

–  Para estar bien seguro.-

– Entiendo.- Lo miró con cierta curiosidad.

-Pero déjeme decirle que eso quedó listo y rematado. No hay más muerto que ese muerto. Y lo enterré bien profundo. También le eché cemento, un coñazo para que nadie lo encuentre y si lo encuentran no lo desentierren. Ese pajarito ya no volverá a cantar, ni como alma en pena.-

-Me parece bien.-

-Entonces cómo quedó bien muerto y ya está resuelto el asunto. ¿Cuál es el otro encargo que tiene para mí?-

– Cambié de parecer. Quiero que haga algo primero.-

-Usted sabe que cuenta conmigo para lo que sea. Eso ya está requeteprobado. Usted me dice y yo ejecuto. Mire que fue bien peligroso este asunto, no fue fácil. Pero como usted me dijo que lo hiciera, lo hice. –

– Me podría llamar a los muchachos.-

– Claro –

***

Entró en la oficina. Con él llegaron dos de los guardaespaldas del Señor Riviera, Manolo – el hombre de mayor confianza- y uno de los sobrinos de Riviera quien se iniciaba en el negocio familiar. El jefe dijo:

-Por este encargo te voy a pagar el triple.- Él quedó sorprendido y no disimuló su alegría.-

-Pues gracias señor. ¿Y que será ese otro asunto que me compete?-

– Pero este es un poco más complicado que el anterior, entonces le pediré a los muchachos que te acompañen.-

– Claro, cómo no hacerlo. – Le echó un ojo a los guardaespaldas y a Manolo. Le sonrió al último, pero este permaneció indiferente. El sobrino susurró algo al oído de Manolo y éste asintió.

– Estaba un poco dudoso con lo del trabajo anterior, más cuando me enteré que tomaste la iniciativa.- Permaneció impasible.

– Sí señor, para servirle.- Respondió. Asomó una sonrisa y se mantuvo erguido frente al escritorio.

– En este encargo recibirás ayuda. No te puedes quejar-

– No señor, no me quejo. Más bien le agradezco la confianza. Y la ayuda siempre es bien recibida-

-Entonces no hay problema.-

-No señor, ninguno.-

– Me parece bien.- Se hizo un silencio. Riviera, desde su escritorio, sondeaba a su empleado, en cambio él esquivaba su mirada. El silencio le atormentaba.-

-¿Pasa algo?-

-Nada señor. – realizó una pausa- ¿Y qué será ese otro encargo tan importante?-

– No es nada del otro mundo.-

-Entiendo, pero para pagarme el tripe y llamar a los muchachos. Debe ser un encargo complicado. –

-En realidad no lo es. Más bien  afanoso. –

-Usted sabe que conmigo cuenta para lo que sea. Hasta lo haré gratis.- Riviera escuchó la palabra gratis y se le hincharon los ojos. Sonrió y se levantó . Luego, sin mucho apuro, se dirigió al minibar ubicado en una de las esquinas de la oficina, tomó una botella y dos vasos, los colocó en el escritorio. Luego se ubicó en su silla y le dedicó otra mirada a su trabajador.

– Me gusta tu actitud.-

– De nada señor, para servirle.-

– Es difícil encontrar personas como tú.- Realizó una pausa.- ¿Alguien me puede traer hielo?- Cuando él hizo un ademán Manolo le cortó el paso; él sería quien traería el hielo.

– Por favor, siéntate.- Uno de los guardaespaldas le acercó una de las sillas. Él se sentó y esperó. Estaba harto y quería salir. –

-Te noto cansado.- dijo Riviera

– Sí, un poco. Usted sabe; las preocupaciones.-

-Quizás pueda ayudarte.-

-Gracias, pero no tiene por qué molestarse. Además usted tiene muchas más ocupaciones que yo, y sin embargo lo veo allí como si nada. – Respiró, miró a un lado y vio al sobrino de Riviera limándose las uñas, giró y observó a los dos guardaespaldas mirarlo con desconfianza.-¿Y qué será este otro encargo?- En eso llegó Manolo con el hielo, echó tres cubos en cada vaso. Luego sirvió Ron. Riviera tomó un vaso y con la mirada invitó a su trabajador para que bebiera.

-Échate un trago. Estás como nervioso.-

– No para nada señor. Como le dije, preocupaciones; la mujer, los niños, la casa…-

-Entiendo. Nada está fácil en estos días.-

– Sí, nada.-

– Perdón, corrijo; nada está fácil en estos días, a excepción de este nuevo encargo que me harás con la ayuda de los muchachos.-

-¿Y para cuando es ese encargo señor? Si se puede saber.-

– Para dentro de diez minutos.-

– ¿Diez minutos?-

– Sí, diez minutos. ¿A menos que tengas otras cosas qué hacer?-

-No, ninguna. Por el triple del primer encargo, ahorita mismo me voy si quiere.-

-Nos vamos.- Corrigió Manolo.

-Sí, nos vamos.- Afirmó el trabajador y bebió un sorbo de Ron.-

-El encargo no puede ser más sencillo. No harás nada. Hasta le puedes comprar un vestido a tu mujer ¿cómo es que se llama?-

-Ivonne.-

-Pues le compras un regalo a Ivonne, y la llevas a pasear o al cine. –

-Claro. ¿Pero de qué trata?-

-Sencillo; vas al lugar con los muchachos, ellos desentierran el cadáver y me lo traen para examinarlo.-

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