CAPÍTULO I

Era de noche, llovía y la encontró en una parada de buses. Apenas ella percibió su presencia dijo:

–          Soy puta. –

–          ¿Y cuánto cobras?- Realizó una pausa – No es que esté interesado, pero quisiera saber.-

–          Depende.-

–          ¿De qué?-

–          De qué coño es lo qué quieres; una mamada son veinte y no me lo trago, vaginal cincuenta y por el culo son cien, pero con lubricante y si no tienes compra mantequilla o vaselina. – Él hurgó en sus bolsillos, sacó un juego de llaves, un empaque de chicles y unos billetes todos magullados envueltos en un papel con unos logos apenas legibles.

–          Tengo cuarenta y un ticket de alimentación.- Ella lo miró de reojo, también vio los billetes y el ticket, y dijo:

–          Vente.-

–          ¿Para dónde? –

–          ¿Eres pendejo o qué? ¿Piensas que lo haré en la parada? Atrás de la plaza hay un lugar agradable, a menos que tengas para pagar un matadero.- Él la siguió; cruzaron la avenida, caminaron unos metros y se encontraron atrás de la plaza. Sí, había una especie de hueco; un espacio entre la estatua del libertador y un paredón. Servía de refugio para vagabundos, drogadictos y putas como ella.  Olía a una mezcla de ron, orine, semen, mierda y marihuana,  estaba atestado de grafitis de penes, vaginas, culos, tetas y teléfonos de maricas. Pero eso no le importó mucho.

–          ¿Y bien?-

–          ¿Y bien qué?-

–          Dame los reales.- Inmediatamente extendió los billetes con el ticket de alimentación. Ella los tomó y se lo metió debajo del sostén. Luego, con algo de apuro y nerviosismo, recogió las mangas de su suéter, desabrochó y bajó su pantalón, y se inclinó. Posó sus manos contra el muro, abrió las piernas y dijo:

–          Dale rápido y si me das por el culo te mato.- Transcurrieron unos segundos cuando volteó y notó que el extraño ni se movía. Preguntó:

–          ¿Le vas a dar o no?-

–          Sí, pero quiero que hagas algo.-

–          No sé qué coño quieres, pero te va a costar más. –

–          Recítame un poema.-

–          ¿qué?

–          Quiero que me recites un poema.-

–          Ah, eres uno de esos. Pues allí te va; El cielo es azul, las estrellas blancas…-  no había terminado cuando notó que se había marchado.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s