Recuerdo

Sí, me acuerdo cuando los únicos fanáticos en Venezuela eran caraquistas o magallaneros; en los partidos se mentaban la madre, se gritaban y se lanzaban botellas. Y al otro día, en el trabajo o dónde sea que se encontraran, todo era como antes. El mayor insulto era magallanero pajuo o caraquista mariscón o algo así.

Sí, me acuerdo cuando los malandros, créanlo o no, tenían un código de ética; no robaban a los del barrio ni mataban por matar o por dársela de arrechos. Evitaban muertos, una porque los atrapaban – la policía sí investigaba – y otra porque, según un conocido, les daba paja hacer esa maldad.

Sí, me acuerdo que las discusiones políticas eran entre adecos y copeyanos; patos del mismo charco ¿y cómo negarlo?, pero no recuerdo odios ni muertes porque, antes de ser copeyanos o adecos, eran venezolanos y eso importaba. En las elecciones el que ganaba se burlaba del que perdía, y hasta allí llegaba la vaina.

Sí, me acuerdo cuando el obrero respetaba al ingeniero porque estudió o el soldado al general porque pasó un mierdero para llegar allí.

Sí, me acuerdo cuando se decía “Bachiller de la Republica” era motivo de orgullo familiar porque el título costaba, no te lo daban por ir con una franelita roja a una marcha.

Sí, me acuerdo cuando las protestas eran por cuestiones prácticas. No recuerdo marchas contra el imperialismo yanqui o de apoyo a pueblos que ni puta idea. Y sí, había represión, pero nunca pueblo contra pueblo; no recuerdo que un grupo de un barrio saliera a masacrar a otro por reclamar algo que beneficiaría a todos por igual.

Sí, me acuerdo que antes la vaina estaba jodida; mi papá y mi mamá trabajaban burda, pero cuando cobraban iban al mercado a comprar lo que se podía con el piche de sueldo, y conseguías de todo un poquito, y sin hacer cola de madrugada ni calándose la pepa de sol o al politiquero con una lista con puros coleados del día anterior; si eras pobre te quedaba alguito de dignidad que no es gran cosa pero ahora me doy cuenta de que importa mucho para la moral de la gente.

Sí, me acuerdo que en la televisión había un mierdero de programas ¿cómo negarlo? Pero de vez en cuando se aparecía “Alerta” con Marieta Santana, “Archivo Criminal” con Tinedo Guia – eso era antes de que se volviera una mierda el programa- , “Radio Rochela”, “¿Quién quiere ser millonario?”, “Sábado sensacional” con Gilberto Correa y en todos los noticieros te recordaban la porquería de gobierno que teníamos, estábamos jodidos y te lo decían a diario.

Sí, me acuerdo cuando al rico se le decía riquillo y más nada, pero no explotador del proletariado – aunque lo fuese – ni pitiyanqui ni se odiaba a alguien por ser rico o nacer rico.

Sí, me acuerdo cuando los de izquierda eran de izquierda y no manzanas resentidas de un huacal podrido y vetusto.

Sí, me acuerdo que las palabras “PRAN”, “ESCUALIDO”, “NEO LIBERAL”, “CAPITALISMO SALVAJE”, “MESMO”, “GUARIMBA” y  “PITIYANQUI”  no formaban parte del extenso léxico venezolano.

Sí, me acuerdo de que te podías sentar a hablar paja frente de tu casa, por lo menos en Maturín, hasta muy entrada la noche. El peor malandro del barrio donde me crié era un “roba gallinas” y tenía un chopo.

Sí, me acuerdo de tantas vainas que se me olvidan cuando las escribo. Y perdonen mi mala redacción pero – como dice la canción – detrás de mí oigo siempre el carro alado del tiempo que se acerca veloz a consumirme y hacer de mi cuerpo polvo, y de mis memorias olvido. Así que no hay tiempo para memoriar, porque él es ahora y llegó a cobrar su deuda.

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