El ojo

Los hombres tenían un tercer ojo, igual al que está impreso en los billetes de un dolar y se cree que lo robó una especie de cuervo inmortal. Sí, todos los hombres lo tenían metido en un hueco al final de la columna, entre las piernas. En la actualidad por allí cagamos y lo llamamos culo. Eso es lo que queda de toda nuestra antigua sabiduría, pura mierda.

Hubo un tiempo en que Dios compartió con los hombres. Les agradaba, los consideró singulares y graciosos. Eran joviales, cariñosos y, a diferencia de otros, se postraban ante él. Tenían un lenguaje primitivo y cuidaban de sus crías. Él los veía trabajar día y noche, verano e invierno, año tras año, siglo tras siglo. Alegres y orgullosos levantaban murallas, y aunque al caer estas los veía llorar notó que resarcían sus muros con mayor ahínco.

Sintió pena por ellos, por eso le regaló su ojo derecho a un pastor en representación de toda la humanidad. Sucede que el pastor, así como quien prefiere usar una piedra para encender un fuego y no fósforos, lo guardó en una caja.

Después de tres años un demonio encontró al pastor y le pidió santuario, fue bien recibido. No se sabe cómo logró dar con la caja, pero la abrió e intentó colgarse el ojo en su frente. No pudo. El demonio entendió eso no era para él y se marchó.

Después de un tiempo  le susurró a la mujer del pastor mientras dormía.

 Ella soñó estar cerca de un pozo de agua y una voz le decía:

–          Los volcanes cuando hacen erupción matan a los hombres –

–          Sí…- respondió la mujer.

–          Dios creó los volcanes. –

–          Sí, y todo lo demás.-

–          Entonces si los volcanes matan a los hombres y Dios los creó, diría que él quiere matar a los hombres.-

–          ¿Para qué crear algo y luego destruirlo?

–          ¿Son lindos tus niños?-

–          Y…-

–          Ellos juegan a construir casitas de barro.-

–          Y…-

–          Él como un niño, construye casitas de barro en el día y por la noche las desbaratan.-

La mujer despertó y le contó a su marido la conversación que tuvo en su sueño. El pastor no le prestó atención . La siguiente noche el demonio volvió a susurrar al oído de la mujer.

Ella soñó estar dentro del pozo y desde el fondo vio al demonio.

–          Tengo que disculparme.- La mujer no respondió.

–          ¿No deseas hablar?-

–          No. –

–          ¿qué harás con el ojo?-

–          ¿Cuál ojo?-

–          ¿No sabes cuál?-

–          No.

–          ¿Sabes que Dios creo a los tigres?-

–          Sí. –

–          Imagínate si Dios, aun queriendo a los hombres, creó a esas bestias que matan hombres ¿qué haría si los hombres lo ofenden?-

La mujer despertó y le relató al marido la conversación con el demonio, pero no hicieron nada.

 La siguiente noche el demonio insistió. La mujer tuvo el mismo sueño, sólo que esa vez el demonio se le apareció.

–          ¿Qué es lo que quieres?-

–          Nada. Sólo conversar.-

–          ¿Y de qué quieres conversar?-

–          Dios es rencoroso.-

–          Puede ser…-

–          Me echó del cielo.-

–          Y…-

–          ¿Qué crees que haría si supiera que no le has dado uso al ojo?-

–          No lo sé.-

–          Pues diría que se ofendería.- La mujer despertó.

Durante el desayuno conversó con su esposo. Ella no quería ofender a nadie, relató  lo que había soñado. El pastor sólo tomó el ojo y lo dispuso sobre su ojo izquierdo, pero como ya tenía uno, no entraba. Luego lo intentó sobre el derecho y el mismo resultado. logró meterlo en su frente, pero a la  mujer no le gustó porque se veía feo. Decidió cocerlo en la mano derecha. Por un tiempo lo usó, pero le molestaba al esquilar las ovejas. Intentó dejárselo en las piernas pero le molestaba cuando corría. En los brazos, el sudor lo hacía lagrimear. Trató en otras partes, pero no funcionaba.

Su esposa y él estuvieron de acuerdo en invitar al demonio para que les dijera en dónde era mejor usarlo.  Y el demonio accedió.

Según dicen que cuando el pastor murió su mujer colocó su cadáver con el culo viendo al cielo por recomendación del demonio. Él quiso robarse el ojo, pero se distrajo y un cuervo se le adelantó.

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