Preguntar antes de entrar

 Nací en el año de 1820 . Para el mediodía  del 21 de noviembre de 1841 mi cuerpo yacía rígido. Minutos antes corría, junto a un millar de hombres, por una colina. Recuerdo que sentí una punzada y caí. Pasaron horas y horas,  apenas me acostumbraba a mi nuevo estado cuando un par de caballeros tomaron mi cuerpo y lo lanzaron  junto a otros en una carreta.

El viaje fue corto; al final un señor me sacó entre la multitud, cerró mis parpados y todo se volvió oscuro.

                                                                         *

Ignoro cómo, pero me convertí en humo. Vagué, por no sé cuánto tiempo, de un lado a otro. No sabía si al Sur o al Norte, al Oeste o al Este. De lo que sí estaba al corriente era de que bajaba . Cierto día, no sé si por cosas del destino o casualidad, rocé la mejilla de quien fuera mi mujer. Olía a girasoles y cantaba. Pero seguí y la dejé en lo que supongo una pradera, rodeada de niños y ropa húmeda. Quise detenerme, no pude; pues fui libre de ir, mas no de quedarme. Sufrí mucho, porque mi libertad sin conciencia ni voluntad fue un martirio.

                                                                       **

Al tiempo, entre subir y bajar, empecé a aburrirme. Escuché una algarabía y me dirigí a ella. Terminé apilado con otros que gritaban “FIN”. Sin embargo, oí que nos llamaron “Caos”. Pero nos hacíamos llamar “LEGIÓN” y queríamos hacer pagar a los hombre por no sé qué cosa que hicieron hace miles de años. Comencé a girar y girar. Me mareé y terminé hundido en mierda. De esa época no recuerdo mucho, quizás porque cuando no piensas lo que haces se te olvida rápido.

                                                                       ***

Después pasé a ser monte. Por un tiempo me agradó. Era flexible. Iba de un lado a otro, pero no me dejaba arrastrar. Estaba donde quería, cuando me aburría iba a otro lado. El problema era que no me movía más allá de unos metros y me querían arrastrar; una vez casi me parten porque me halaron al mismo tiempo dos brisas distintas. Con todo y eso, pensé que no era  tan malo. Por lo menos hasta que una vaca me tragó. A fin de cuentas, si eres débil y siempre te mueves con el viento puede que alguien te pise, trague o cague. De hecho, me cagaron algunas, orinaron otras y pisaron infinidad de veces. Todo porque no me decidía e iba y venía con la corriente.

                                                                      ****

Pasó un tiempo y me convertí en sangre. Podía ver, mas no oler ni oír. Andaba dentro del animal, husmeaba por todos lados. No había lugar a dónde no pudiese entrar. Me gustó porque llegué a conocerla y de allí le agarré el gusto a la medicina veterinaria. Lo que sucede es que si tienes permiso de entrar a donde quieras siempre escoges el lugar menos indicado; me ubiqué en el nervio óptico, deseaba ver más allá del interior. A los meses, como la vista era interesante, otros como yo se apilaron en el mismo lugar. Cuando no cabían más, alguien pensó en migrar para el otro ojo; después de un año la vaca se quedó ciega. Pues de tanto querer ver el exterior, oscurecimos y como fui el primero en pernotar los otros me culparon de la ceguera. Fui expulsado en forma de lágrima. En definitiva no es mejor ver que trabajar y, si permites que los demás hagan lo mismo, te van a acusar por vagar. Me gustó ser líder, para la próxima procuraré serlo de algo bueno.

Al salir noté que la vaca estaba en un matadero. Era el único que lo sabía. De qué sirve ver si todos andan ciegos; por eso es que la cobija de la ignorancia te mantiene cómodo y calientito. Me lamenté. Tiempo después volví a ser libre, pero no humo.

                                                                     ****

No quería ser tan libre como antes, así que busqué la manera de bajar y la encontré. Todo hubiese salido como deseaba, a no ser por un imprevisto; un pájaro me aspiró y volví a ser sangre. Pero, como tenía algo de experiencia, esa vez me concentré en lo que me competía. No fue suficiente, pues alguien cazó al ave y se la comió. Después de unas horas pasé a ser parte de un hombre. Con el tiempo me vi envuelto en una carrera. Llegué como pude, no obstante encontré a otros como yo. Estaban recostados cerca de la entrada e inseguros de entrar. Como nadie tomaba una decisión me colé y de allí todo volvió a ser casi como antes.

                                                                    ******

Nací un 15 Diciembre del 2013.  A todas estas nunca se presentó el tipo con el arado, al que todos temen. Es por eso que no creo en él, mas sí en la primera ley de la termodinámica; la aprendí en uno de mis viajes de aire. Me siento bien, sin embargo, todo sería perfecto si no hubiese un pequeño detalle: nací mujer.

Por eso siempre pregunto antes de entrar a un sitio, más si veo gente indecisa.

Fin.

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2 pensamientos en “Preguntar antes de entrar

  1. Bluennie Bloon

    Me gusto mucho y me alegro el día.
    Y ahora que tengo la oportunidad tengo que decirte que me gusta mucho leer lo que escribes.

    Responder

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