Pero de que muere muere y bien muertito

No estoy en contra de las corridas de toros, sin embargo, cuando el animal cornea a un torero deberían arrancarle la oreja y entregársela como recuerdo. No al torero, sino al animal. Pues sí, se lo merece. Para que lo tenga de recuerdo. Un toro con siete corneados debe llevar un collar con siete orejas o pedazos de glúteo, porque los hombres no tienen cola o sí tiene, pero cortita. Y No es broma, es justicia.

El toro es un animal valiente, va a una batalla de la cual no saldrá ileso independientemente si triunfa o no. Mucha gente dice que para ser valiente hay que tener poco cerebro, tienen toda la razón. Por algo las corridas no se hacen con delfines, o tiburones, o tigres, o leones. Hay que tenerlas bien puestas para ir con un cuchillito a verle la cara a un tigre. Porque un tigre no sólo es fuerte, también astuto y sanguinario. Cuando matan a un tigre lo hacen de bien lejos a escopetazos. En cambio el toro tiene las de perder porque él sólo es fuerza y de cerebro nada; ni una pizca. No es un cazador como el tigre, tiburón u otro. Y es que tampoco hay una escuela para toros, pero sí para toreros; allí les explican las técnicas de cómo matar, hasta tienen vídeos e instructores. Al toro nadie le enseña cómo ni tampoco cómo manejarse en la arena o administrar su energía.

Es que pienso o me imagino. Veo al toro en su cubil, o mucho antes; en su pradera. Está de lo más tranquilo porque su vida es comer, follar y comer. No follar sino cojer, porque follar suena españolete. Lo cierto es que un día  de esos lo sacan de su pradera, lo meten en un camión y aparece en un coliseo con un montón de gente que grita o aplaude o lo que sea. Pobre toro, no sabe lo que le espera. De repente sale un tipo vestido de lo más ultra afeminado y con una capa. No diré de qué colores porque el toro sólo ve en blanco y negro. Entonces están el torero y él. Nadie más, y el silencio que nunca falta cuando alguien estirará la pata. Pues el torero mueve la prenda y el toro – el pobre- cae mansito. Una y otra, una y otra vez el toro gira y gira, sólo busca asentarle a la capa. Porque el pobre no entiende, y es que no fue a la escuela, que no es la capa sino el afeminado que se arrodilla y baila mientras él busca la tela hasta que se cansa.

Para el animal no hay salida, o sí la hay. O muere en la arena o en el matadero. Esa es la única. Pero de que muere muere. Y bien muertito como quien dice. Si mata al torero, muere. Entonces no hay de otra; o lo mata el torero o el carnicero. Y hay mucha sangre, y la gente grita, y el torero baila, y el toro se cansa y babea. Pero al final todos son felices, todos menos el toro que sangra y descansa y no despierta.

 Pero es que cuando el toro agarra a uno, la gente se acuerda de lo violento – sangriento- que es ese deporte. Pero no sé si llamarlo deporte. Creo que para llamarlo así debería existir igualdad de condiciones. Entonces, el toro con sus cuernos y el hombre con sus uñas. El toro con sus pelos y el hombre en pelotas. Si al hombre le dan un puñal, al toro le alargan los cuernos. Así es bueno. Así le beso los píes a un torero.

También la asistencia médica. Si hieren al torero, lo sacan y atienden. Pero el toro no, sólo se muere. También se entiende porque la ciencia de las corridas es ver morir al toro, pero el pobre no lo sabe. Piensa que con girar y girar quizás se salve. Pero no, hubiese sido mejor llevarlo directo al matadero. Sería como un tiro en la frente, sin mucha lloradera y seco. Nada más limpio que una pepa entre los ojos. Pero no; tienen que cansarlo, humillarlo y rematarlo. No se lo cogen porque eso sería muy enfermizo, aunque no me extrañaría que por allí lo hicieran; para sentirse más machos y decir: “lo vencí, cogí y maté”. Ah sí, arrancarle la cola, su linda y preciosa cola, también la oreja y después matarlo a cuchillazos. Matarlo, matarlo, matarlo y matarlo, eso es todo lo que es la corrida. Y buscan excusas; y que la elegancia, y que el porte, y que la cultura, y que la historia. Todo eso se va al cuerno si no matan al toro. La gente se va triste si no ven morir al animal, ni el charco de sangre, ni las estocadas. Si eso no sucede, no hay espectáculo. Al final todo se reduce a matarlo, matarlo, matarlo y matarlo.  Es que no sé cómo es la vaina, porque no veo corridas. Pero de que muere muere y bien muertito queda. A lo mejor cuando cornea a un torero le dan un premio al toro, o lo dejan quieto por un tiempo. Pero sí he visto que le dan la cola al torero o la oreja. No sé cómo es la vaina, pero como todo lo que hace el hombre; desde lo más bello hasta lo más horroroso, lo ha hecho ciencia. Han hecho de algo brutal una ciencia, con rituales, técnicas y teóricos en la buena usanza.

Yo lo que digo es que sigan las corridas, pero si un toro mata a un torero sería bueno darle un premio. Pasearlo por la ciudad y dejarlo tranquilito en su pradera con sus vacas, crías o lo que sea que le guste al animal. Escribir su nombre entre los grandes y no volverlo a enviar a una corrida. Eso sería lo correcto. No matarlo. Por Dios, eso sí es un sacrilegio. La tierra es de quienes la luchan, ese animal se ganó su derecho después de tanta mierda. Se ganó su pedacito de tierra si cornea, contra todo pronóstico, a un torero y lo mata bien muertito.

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