Sucede

En primer lugar esto no sucedió,  por lo tanto es falso que en algún sitio inexistente sobre la tierra alguien reculó el martillo de un revolver imaginario hasta accionar su trinquete de traba. Como lo anterior no aconteció, el barrilete ni rotó ni se alineó con la recamara del cañón. De igual forma no es cierto que esa persona, también ficticia, presionó el gatillo para liberar el  trinquete.  Y repito, como no libró el trinquete, el martillo no retornó a su posición original. Por tal motivo el percutor no golpeó el culote ni generó la presión necesaria con la cual se produce el súbito aumento de temperatura  imprescindible  para un estallido. Como no hubo explosión en el culote, no acaeció la transferencia de energía que promueve la deflagración de la pólvora contenida en la bala. Debido a hechos no acaecidos en el interior de un artefacto, además supuesto, la punta la bala no emergió disparada del cañón de la pistola con un ángulo, respecto a la horizontal, de 45º y  una velocidad inicial de 300 m/seg.

Por esa razón el proyectil brotado del arma, y repito ficticia  no giró alrededor de un eje longitudinal imaginado paralelo al del centro de masa. Ni siquiera, en su trayectoria, logró elevarse a 2500 metros sobre el nivel del mar para luego descender con una velocidad superior a los 450 m/seg. Menos aún atravesó de palmo a palmo al presunto pueblo que yace sobre el sitio inexistente antes mencionado. Tampoco, en su caída y a pocos metros del suelo, perforó el balón con el cual los niños que habitaban en las viviendas de una de las calles del pueblo jugaban fútbol. También es impensable que el proyectil desviara su camino original después de impactar contra un poste de luz y menos que, posterior a la colisión, giró caóticamente alrededor de su centro de masa. Ni es cierto que seguidamente destrozó el vidrio de una ventana ubicada al frente de una de las casas perteneciente al padre del niño que fungía como portero del equipo que perdía por cinco goles antes que el balón inexplicablemente – para los presentes- , luego de ser pateado por el chico que marcó 4 de los 8 goles de su equipo, se espichara. No es razonable pensar que, posterior a fragmentar la ventana, continuó su trayectoria y cruzó la sala que había limpiado 8 horas antes la madre del goleador del día. Desde luego nadie puede afirmar que la bala en su anárquico transitar pasó a 15 cm de la yugular de la madre del portero cuando se disponía a ver su novela favorita ni que rozó un jarrón de porcelana sin quebrarlo.  Además, no es posible decir que, después de todo ese recorrido, también surcó un pasillo que daba a la habitación de un joven.

Es mentira que el chico sintió una punzada en el pecho mientras anudaba su corbata. No es cierto que gritó, miró su pecho y vio cómo tiñó de rojo su camisa recién planchada por la madre del goleador del día. Es falso que caminó en dirección a la sala enterado que una bala había impactado a un costado de su pecho y, en su trayecto,  perforó su dermis, epidermis e hipodermis. Sin embargo, desconocía que en su trayecto la bala traspasó la segunda costilla esternal derecha, se despedazó y, sus partes, se incrustaron en sus pulmones, clavícula y, la gran mayoría, atravesaron las arterias carótidas comunes izquierda y derecha….(Borrador)

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